COHERENCIA DE VIDA EN EL CATEQUISTA
Hoy
día los catequistas con su testimonio de
vida y adecuada formación tienen en sus manos la gran responsabilidad de la evangelización
de nuestras gentes, el ser discípulos misioneros como nos lo presenta la V
Conferencia Latinoamericana del Episcopado. Como catequistas se requiere cierto perfil que debe ir en consonancia con una buena
formación.
El
primer aspecto corresponde al perfil que debe mostrar todo catequista, desde
las mujeres que colaboran en esta labor hasta el Obispo quien es el primer
incardinado en esta labor. Antes de
hablar de este primer aspecto quiero enmarcar algo primordial y es que todo
catequista deben estar animados y guiados por la acción y la acción del
Espíritu Santo, quien nos enseñara a ser verdaderos proclamadores del Evangelio
con nuestro testimonio (cf. Hch.1, 8), dejarnos levar hasta los confines de la
tierra (cf. Mt. 28,19) por el Espíritu que conduce ala verdad plena,
Jesucristo.
El perfil en que todo catequista se ha de cimentar se enmarca en tres pilares
fundamentales: el ser, el saber y el saber hacer. El ser hace alusión a la concordancia de vida, se debe ser un humano creyente con
fe enraizada en Cristo (cf. Mt. 7, 24), teniendo claro en que se cree, en quien
se cree y para que se cree, también se necesita un catequista espiritual, que
pase buenos momentos a los pies del maestro estando atento a sus instrucciones para ver que quiere en su vida, como lo hacia
“María, la cual se sentó a los pies de
Jesús para escuchar lo que Él decía” (Lc. 10,39). En este ser, el catequista
debe ser una persona madura en cuanto su manera de expresarse y comportarse en
los distintos lugares, tener identidad
de la tarea que realiza y
consciente de su tiempo.
Después
debe saber, dar razón de su fe, como catequistas no solo debemos afanarnos por
el ámbito espiritual, eso sí sin prescindir del mismo, a partir de este nuestra
vida tiene que formarse en el ámbito intelectual, como decía San Agustín: la fe
y la razón son las dos alas en los que debe cimentase la vida del cristiano,
enunciada por Santo Tomas de Aquino, y más actualmente por el Beato Juan Pablo
II, y en ejemplo bastante claro lo es uno
de los mas grandes teólogos de la actualidad el Papa Benedicto XVI, quien tiene el justo equilibrio entre la fe y la
razón. Este dar razón de su fe se forma en el conocimiento de la Sagrada
Escritura, espada de dos filos palabra viva y eficaz, esta nos lleva a la fe
como dice San Pablo (Heb. 4,12), eso si guiada por los lineamientos que se
ofrece en la Madre Iglesia a través del Magisterio, además en la Tradición de
la Santa Iglesia. Y algo muy bueno en lo que igualmente se debe sustentar el saber del catequista es
el saber los lenguajes que actualmente
se manejan, para llevar el mensaje de una manera que sea captable, sencilla y
clara por los oyentes.
Y
finalmente este perfil, el catequista debe saber hacer, eso si como decíamos
antes guiados por el soplo del Espíritu Santo, esta persona es un educador
puesto esta formando a los educandos a él encargados, todas las personas van a
encontrar en ella palabras que le ayuden
para su situación personal; El catequista también es un comunicador,
comunicador de la Buena Nueva, de paz,
de la libertad otorgada en Cristo Jesús;
El catequista asimismo es un animador, aquel con la capacidad de alegrar sus
catequesis, dejando a un lado la
monotonía y mediocridad; Y por ultimo un programador, que realice un programa o
plan por realizar en cierto tiempo, en donde se evaluara los objetivos
alcanzados y aquellas cosas por mejorar.
Después
de ver como ha de ser el perfil de un catequista, el segundo aspecto corresponde
a la formación que debe tener todo catequista, esta formación del catequista debe ser
permanente, un continuo aprendizaje dejando a un lado la superficialidad y la
mediocridad, porque a ellos los vomita el Señor (cf. Ap. 3,16), que este sea
promotora de la participación y corresponsabilidad de todas las personas, donde
sea un solo el sentir, el pensar y un solo el actuar. En esta formación del
catequista se deben ver los problemas
reales que este tiene, esta inmersos en su intimidad, ayudándole a dar
solución a los mismos. En su formación se requiere que se forme un nuevo modelo
de creyente, estando en el mundo, apreciando la problemática del mismo y
tratando de darle soluciones, pero teniendo su confianza plena en Dios.
También
se requiere que en esta formación de los catequistas haya una relación entre la
teoría y la práctica, donde no solo se brinden conceptos vagos y mucha teoría
sino que lleve a “una experiencia viva, de ojos abiertos y corazón palpitante”
con el Señor Resucitado como lo dice el Santo Padre Juan Pablo II. Allí de la
misma manera se tiene que concientizar a los catequistas a una autoformación,
basada en la disciplina y amor por la misión encomendada por Dios. El
catequista de este siglo tiene que tener en su corazón la presencia viva de la
Trinidad, su mente doctrina de la Iglesia y con su diario vivir tener la coherencia de
vida que tanto nos falta muchos católicos cristianos.
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